sobre el generalista
Vie, 16/07/2010 - 16:47 | by albanoHumo en el ambiente. El público hundido en la sombra fuera de la luz de la única lámpara que ilumina el ring. Sin árbitro, sin reglas, sin timbre. Aquí sólo se permite lo que las miradas de alrededor aprueben. Si no gusta, eliminado. En una esquina, el especialista puro. En la otra, el generalista perfecto. Consejo número uno, nunca quitar un ojo al contrincante, es el competidor. Consejo número dos, mantén el otro ojo en el entorno. Puede cambiar según le plazca. Sin previo aviso. De la nada puede atacar un cisne oscuro con ojos de diamante y alas extendidas para conceder inmisericorde la extinción a cualquiera de los contrincantes.
¿Qué contrincante prefieres? ¿Cuál tiene más posibilidades?
Debemos comenzar por estudiar las herramientas que cada uno de ellos tiene para competir. Abogo por unificar varios de los términos de uso común (característica, talento, habilidad, capacidad) por uno en concreto. Propongo la palabra "competencia". Y establecer su significado en lo siguiente:
competencia = efectividad alcanzada en la ejecución de una acción con un objetivo específico.
El nivel de una competencia es proporcional a los recursos y tiempo invertido. De esta forma, una competencia "x" con un nivel 3, será superior a una de nivel 1. Ejemplos de competencias son: recoger néctar de una flor (como un colibrí), recolectar fresas, escribir una novela, conducir un coche, detectar a un extraño en el territorio, ladrar para avisar de dicho extraño, etc. En beneficio de este escrito, asumiremos que tan sólo usamos esta definición. Por supuesto hay pocos problemas que se solucionan con una única competencia, y para la mayoría de ellos hemos de aplicar una estrategia, entendida como combinación de competencias. Todas ellas concentradas en un individuo, o repartidas entre varios. Pero para saber quién ganará el combate de boxeo no nos hace falta aumentar a ese nivel de complejidad. Nos quedamos con las competencias como algo simple y sencillo. Ahora bien, las competencias tienen un antagonista. El validador. Un requisito necesario a superar para asegurar la existencia del portador de la competencia. Si el colibrí tiene "vuelo estacionario nivel 5" y el validador es de 4, el pájaro en cuestión podrá alimentarse. Ahora, si por ejemplo, el viento hace que el validador suba a 7, el colibrí se encontrará con un problema. Así que establecemos la definición de validador como el nivel mínimo necesario de una competencia para poder llevar a término la acción. Por qué o cómo cambian los validadores, o mediante qué proceso cambian las competencias es algo que de momento, no nos interesa. Lo que sí podemos observar es que las competencias se pueden ordenar en relación unas con otras. Está claro que la competencia "vuelo estacionario" está más cerca de "volar extremadamente despacio" que de "resolver sudokus". Si posicionamos la competencia en un eje horizontal podríamos correlacionar una competencia dada con una posición en ese eje, y quedaría expresada la cercanía de una competencia escogida con las relacionadas y adyacentes. Por ejemplo, numeramos "vuelo estacionario" con la posición 3 (el número tres en el eje). Sabremos así que la competencia que corresponda al 3,01 tendrá más que ver con el vuelo del colibrí que una la competencia que corresponda al número 14,7 en el eje. Pues ya podemos comenzar a comparar al especialista con el generalista.
Los dos protagonistas
El especialista perfecto será aquel que tenga una única competencia. Una linea vertical, comenzando en el eje horizontal y marcando el nivel de la competencia. Extremadamente efectivo, y enfocando todas sus energías a un sólo validador. Pero nos encontramos con que el especialista perfecto no existe, ya que desarrollar una competencia conlleva tener algo de nivel en las estrictamente adyacentes. Podemos entonces representar al especialista así:

Si sé recolectar bayas (el punto [c1]) entonces tendré un nivel próximo en aquellas competencias que tengan mucho que ver, como recolectar cerezas. Si mi pico es idóneo para flores de 5cm, entonces habrá un margen alrededor para el que también me valga. En cambio, el generalista perfecto es aquel que posee todas las competencias al mismo nivel. Puesto que la cantidad de competencias que pueda desarrollar un generalista no es infinita, el diagrama que exprese sus competencias tendrá forma de al menos una meseta. De cara a nuestro desarrollo, escogeremos un segmento de la meseta para contrastarlo con el especialista.

Queda expresado en el diagrama que todas las competencias representadas están a nivel de [c2], y que al sujeto aquí descrito le da lo mismo recolectar bayas que descorchar una botella de champán. En ambos diagramas anteriores podemos ver que ambos sujetos sobreviven gracias a que los validadores están al alcance del nivel de las competencias. Pero ¿qué pasa si el validador cambia de posición? Que depende de la ubicación final del validador. Y nos vamos a encontrar con un gradiente de perfiles de cambio, dependiendo de cuántas competencias queden invalidadas en el cambio.
Tipos de cambio
En un extremo del abanico tenemos aquellos cambios que podemos denominar total. Todas las competencias quedan invalidadas, y el nuevo validador está fuera del alcance. En el otro extremo del rango, encontramos el cambio en el que tan sólo una competencia queda invalidada. Si comenzamos con el caso más simple, enseguida nos daremos cuenta que hay que introducir un nuevo concepto en juego. La velocidad de cambio.

Observemos al especialista. Si el único validador que precisamos cumplir es [c1] y éste se desplaza a [v] o a [w] entonces el cambio no nos afectará. Que el coste total para mantener los niveles de competencias puedan no compensarnos es otra cuestión. Pero los validadores están dentro de nuestras capacidades, con lo que sobrevivimos. Pero si el validador se desplaza a [c3] entonces ya nos obliga a una readaptación. Tendremos que incrementar el nivel de la competencia bajo la vertical de [c3]. Y lo mismo sucederá en [c4]. En ambos casos hay que cubrir una distancia. Y como incrementar el valor de una competencia lleva tiempo, tenemos una velocidad de cambio dada. Si el sujeto no cambia lo suficientemente rápido, desaparecerá. Ahora supongamos que hay un cambio más drástico. El especialista reflejado en el diagrama cumplía los validadores [v,w,c1] y pasa a depender de [c3,c4]. Está claro que puesto que una competencia se desarrolla con inversión de recursos, entonces el esfuerzo que ha de hacerse para la adaptación es mayor. Vamos con el generalista.

Estudiándolo desde la misma perspectiva nos damos en seguida cuenta de algo. Parece que el generalista está mejor posicionado para enfrentarse a los cambios. El nivel de base de las competencias es más alto, por lo que para cambiar, por ejemplo, a [c4] la distancia a recorrer es menor. Como podemos también ver, si apareciera el validador [c3] nuestro generalista comenzaría a tomar forma clara de especialista. Por supuesto, la problemática de la velocidad del cambio es la misma que con el especialista.
En resumen

Al superponer los dos diagramas constatamos los perfiles con rapidez. Vemos que el número de validadores y el nivel de las competencias necesarias son factores iniciales muy determinantes, pero que quedan perfectamente sometidos al tipo de variación en el entorno. Si el cambio es un incremento del nivel de una competencia ya validada, entonces interesa ser especialista. Si el entorno cambia poco o lo hace muy lentamente, entonces también compensa ser especialista. Pero si hay un desplazamiento logitudinal de valor alto (hacia otras competencias alejadas) o el entorno cambia rápidamente, el generalista es la opción. Y si el cambio es extremo, ni lo uno ni otro.
comentarios añadidos
Extraigo de un debate mantenido en Facebook un comentario que creo puede ser oportuno, y aclarar algunos (no todos) de los conceptos implícitos en la entrada inicial.
http://www.albanocruz.com/content/generalista-ii
Los comentarios originales se pueden encontrar aquí: http://tinyurl.com/2wmlkyx